Saltar al contenido

Un diminuto dispositivo lleva el entrelazamiento cuántico a temperatura ambiente

Investigadores de Stanford construyeron un dispositivo a nanoescala que usa “luz retorcida” para entrelazar el espín de fotones y electrones a temperatura ambiente, un paso hacia una tecnología cuántica que ya no necesita enfriamiento cercano al cero absoluto.

CienciaEquipo Editorial GNGV5 min lectura

Una de las grandes frustraciones de la tecnología cuántica es que suele exigir un frío brutal. Muchas computadoras y dispositivos de comunicación cuántica solo funcionan cerca del cero absoluto, unos menos 273 grados Celsius, mantenidos allí por sistemas de enfriamiento voluminosos y costosos. Ahora, investigadores de la Universidad de Stanford han mostrado una forma de sortear esa barrera, al informar el 30 de mayo de 2026 de un diminuto dispositivo que realiza una operación cuántica básica a temperatura ambiente común.

El avance se centra en un uso ingenioso de la luz. El equipo, con la autora sénior Jennifer Dionne y el primer autor Feng Pan, modeló una fina capa de un material llamado diseleniuro de molibdeno sobre un sustrato de silicio esculpido. Esa nanoestructura genera lo que los físicos llaman luz retorcida, en la que los fotones giran en un patrón de sacacorchos. Cuando esa luz retorcida incide en el semiconductor, transfiere su espín a los electrones allí presentes, entrelazando a ambos, uniendo los estados cuánticos de la luz y la materia sin necesidad de un enfriamiento profundo.

Entrelazar fotones y electrones es un paso fundamental para la comunicación y la computación cuánticas, y lograrlo a temperatura ambiente podría, con el tiempo, conducir a sistemas cuánticos mucho más pequeños, baratos y prácticos que las máquinas confinadas a los laboratorios de hoy. Dionne describe el resultado como una conexión de espín versátil y estable entre electrones y fotones. El trabajo se publicó en la revista Nature Communications.

Los investigadores son refrescantemente francos sobre lo lejos que queda el camino. Esta es una prueba de concepto temprana, y aún queda un largo trecho de ingeniería por delante, con mejores fuentes de luz, detectores e interconexiones necesarios antes de que tales dispositivos puedan integrarse en redes cuánticas reales; las aplicaciones prácticas para el consumidor, estiman, probablemente estén a más de una década de distancia. Aun así, aflojar la dependencia de la tecnología cuántica del frío extremo es justo el tipo de avance fundamental que, paso paciente a paso, ayuda a una ciencia antes exótica a acercarse a la vida cotidiana.

Fuentes

Siga leyendo